Cuando pensamos en los propósitos para el año que viene, solemos enfocarnos en lo que queremos conseguir y en todo lo que tendremos que hacer para lograrlo. Más objetivos, más cambios, más acción. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos si estamos preparando el terreno adecuado para sostenerlos en el tiempo. Porque no basta con tener claro qué queremos; también importa desde qué estado vamos a intentar alcanzarlo.

Empezar el año ejecutando sin una base sólida suele traducirse en cansancio temprano, pérdida de foco y abandono progresivo de los objetivos.

Para rendir en tu mejor versión necesitas primero capacidad de planificación, claridad y foco, y solo después acción.

Igual que cualquier entrenamiento bien planteado, hay fases. Saltárselas suele ser lo que nos lleva a la fatiga, la frustración o a abandonar por el camino.

¿Y por dónde empezamos?

El primer ajuste pasa por la calma física → bajar revoluciones. Sacar al cuerpo del modo alerta constante. Cuando el cuerpo está tenso, la mente no puede rendir bien. Esta calma se puede empezar a entrenar con herramientas como la respiración consciente, el descanso real o actividad física adaptada.

Otro paso fundamental es trabajar la cohesión interna → que pensamiento, emoción y acción vayan en la misma dirección. Que el cuerpo y la mente estén alineados en la consecución de un objetivo. Cuando esto no ocurre, una gran parte de nuestra energía se pierde en la lucha interna, en dudas constantes, contradicciones y fricciones con nosotros mismos. Prácticas como la escritura, la meditación y, por supuesto, la terapia o el coaching ayudan a mejorar la integración entre lo que sientes y lo que piensas.

A partir de ahí, entramos en el terreno de la calma emocional.
No se trata de no sentir, pero desde luego sí de no vivir secuestrados por la reactividad emocional. Tomar decisiones desde una posición estable y no desde la urgencia, el miedo o la autoexigencia extrema hace que nuestras decisiones sean mucho más eficaces. Si necesitas mejorar este punto, conviene poner el foco en mantener rutinas estables, minimizar estímulos que alteren el estado interno y anticiparse lo máximo posible a los inconvenientes.

Finalmente, llegamos a la calma mental y la claridad cognitiva.
Aquí es donde las ideas se ordenan, la planificación se vuelve más clara y la ejecución más eficiente. La mente deja de ir en bucle y puede enfocarse en lo importante sin tanto ruido de fondo. Es el punto en el que pensar, decidir y actuar se alinean.

Desde Espacio Feedback abordamos el entrenamiento cerebral precisamente desde esta metodología: no empezando por exigir más, sino por crear primero las condiciones internas necesarias para dar tu mejor versión. Trabajamos desde la calma física, la cohesión interna, la estabilidad emocional y la claridad mental, porque es desde ahí donde la ejecución se vuelve sostenible y los objetivos dejan de sentirse como una lucha constante.

El neurofeedback nos permite entrenar este proceso de forma directa, ayudando al cerebro a salir del modo alerta asociado al estrés y a recuperar la autorregulación. Cuando el sistema se calma, el cuerpo deja de somatizar tensión, la emoción se estabiliza y la mente gana espacio para ordenar ideas.

Desde ese estado regulado, la claridad aparece de forma natural. Pensar cuesta menos, decidir es más sencillo y ejecutar deja de sentirse como una lucha interna. La energía que antes se iba en controlar síntomas, gestionar ansiedad o pelear con la dispersión puede dedicarse, por fin, a avanzar.

Por eso el neurofeedback funciona tan bien en personas con alta exigencia, carga mental o responsabilidades constantes. Porque antes de pedir foco, disciplina o rendimiento, entrena la base que los sostiene: calma física, estabilidad emocional y claridad mental. Y cuando esa base está presente, los objetivos dejan de depender solo de la fuerza de voluntad y empiezan a sostenerse en el tiempo.

De cara al año que viene, si de verdad quieres cumplir tus objetivos, quizá la pregunta no sea cuánto te exiges, sino si los objetivos que te planteas son alcanzables desde tu situación interna actual. A veces no se trata de ir directamente a por ellos, sino de construir primero lo que necesitas a nivel interno para poder abordarlos sin agotarte ni abandonarlos por el camino.

 

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