En realidad, ninguna.
Durante mucho tiempo nos han hecho creer que el alto rendimiento va inevitablemente ligado a la tensión. Que para estar al máximo nivel hay que vivir, con presión constante y el cuerpo en alerta permanente. Que si no hay estrés, no hay resultados.
Esta idea está tan normalizada que muchas personas asocian directamente estar tensas con estar comprometidas, ser productivas o rendir bien.
¿Cuántas veces hemos visto a compañeros resoplar por los pasillos de la oficina diciéndonos con la mirada lo colapsados que están?
¿Cuántas veces contestamos que estamos bien, hasta arriba, pero bien, cuando nos preguntan un simple qué tal todo?
Pero en realidad, la tensión, no solo no es el motor del alto rendimiento sino que, de hecho, suele ser su mayor enemigo.
La confusión entre activación y tensión
Dos conceptos que a menudo se confunden: activación y tensión.
La activación es necesaria. Es energía, presencia, atención. Sin activación no hay enfoque ni acción. Pero la tensión es otra cosa: es rigidez mental, exceso de control y un estado de alerta prolongado que termina agotando al sistema nervioso.
Cuando una persona está tensa: su pensamiento se acelera y no piensa con claridad, su foco se estrecha y es incapaz de darse cuenta del resto de cosas (seguramente igual de importantes) que ocurren a su alrededor, las decisiones se vuelven más impulsivas y el cuerpo va absorbiendo todo esto en forma de alergias, de insomnio, de tics, de dolores de cabeza…
Puede parecer que se está rindiendo más, pero en realidad se está funcionando desde un estado cada vez menos eficiente.
El mito del “funciono mejor bajo presión”
Bueno, o igual no es un mito, durante unos días o unos meses incluso…
El problema aparece cuando lo convertimos en norma.
El cerebro no está diseñado para vivir en estrés continuo. Puede responder a picos puntuales de exigencia, pero cuando la presión es tan seguida, repercute de forma directa en la eficiencia de nuestros pensamientos y de nuestras emociones.
Vamos al límite y se nota… fatiga mental, falta de concentración, decisiones postergadas, irascibilidad constante… No es falta de capacidad. Es un problema de regulación.
Qué ocurre en el cerebro cuando hay demasiada tensión
El cerebro funciona a través de señales eléctricas. Estas señales se organizan en distintos ritmos que reflejan cómo estamos pensando, sintiendo y reaccionando. A esos ritmos los llamamos ondas cerebrales, y cada una se asocia a formas distintas de pensar, sentir y reaccionar.
De forma sencilla:
- Ondas beta
Están presentes cuando estamos despiertos, concentrados, analizando, tomando decisiones o resolviendo problemas. Son necesarias para el rendimiento, pero cuando predominan en exceso suelen estar asociadas a estrés, tensión y sobreesfuerzo mental. - Ondas gamma
Aparecen en momentos de alta integración cognitiva: aprendizaje complejo, insight, procesamiento rápido de información. No son “mejores”, simplemente reflejan un cerebro muy activo y exigido en tareas concretas. - Ondas alfa
Se relacionan con estados de calma activa. Hay atención, pero sin rigidez. Es el estado en el que la concentración fluye con menos esfuerzo y el pensamiento es más claro. - Ondas theta
Aparecen en estados de relajación profunda, creatividad, intuición y conexión interna. También están presentes en procesos de aprendizaje y regulación emocional. - Ondas delta
Predominan en el sueño profundo y la recuperación física y mental.
Lo importante no es “tener unas ondas buenas y otras malas”. El alto rendimiento no consiste en eliminar unas y potenciar otras, sino en que el cerebro tenga la capacidad de moverse con flexibilidad entre ellas según la situación.
Cuando decimos que el estrés desorganiza el sistema, nos referimos a que el cerebro queda atrapado demasiado tiempo en ritmos de alta activación (especialmente beta alta), perdiendo acceso a estados más regulados como alfa. Ahí aparecen la tensión constante, la fatiga mental y la dificultad para concentrarse o tomar decisiones con claridad.
En ese estado, el objetivo ya no es rendir bien, sino aguantar. Y aguantar no es lo mismo que rendir.
Por qué la tensión da una falsa sensación de control
La tensión suele confundirse con control porque genera una sensación de estar “encima de todo”. Pero en realidad es un control forzado, que consume mucha energía y deja poco margen de maniobra.
Cuando el cerebro está tenso:
- Quiere anticiparlo todo
- Reacciona antes de procesar
- Reduce la creatividad
- Se vuelve menos adaptable
Paradójicamente, cuanto más tensa está una persona, menos control real tiene sobre su rendimiento.
El verdadero estado de máximo rendimiento
Cuando observamos a deportistas profesionales en su mejor momento, rara vez están tensos. Están presentes, enfocados y regulados.
Lo mismo ocurre con líderes y ejecutivos que toman buenas decisiones en situaciones complejas. No lo hacen desde la tensión, sino desde la calma activa.
Alto rendimiento no es exigirse más, sino regularse mejor
Este es uno de los grandes cambios de paradigma que estamos viendo en los últimos años. El rendimiento ya no se entiende como una cuestión de resistencia ilimitada, sino como gestión inteligente de la energía mental.
Aquí es donde entran conceptos como:
- Autorregulación
- Entrenamiento mental
- Gestión del estrés
- Optimización de la concentración
- Claridad en la toma de decisiones
El foco deja de estar en “apretar más” y pasa a estar en funcionar mejor.
El papel del neurofeedback en este cambio
El neurofeedback parte de una idea sencilla: el cerebro puede aprender a regularse si recibe la información adecuada.
En lugar de forzarlo a relajarse o concentrarse, se le muestra cómo está funcionando en cada momento. A partir de ahí, el propio cerebro aprende a reconocer estados más eficientes y a volver a ellos con mayor facilidad.
Este entrenamiento permite:
- Reducir la tensión innecesaria
- Mejorar la concentración sin esfuerzo excesivo
- Aumentar la estabilidad emocional
- Tomar decisiones con mayor claridad
- Mantener el rendimiento sin agotamiento
No se trata de estar siempre tranquilo, sino de no estar siempre tenso.
Cuánta tensión necesitas realmente
La respuesta es incómoda para muchos: muy poca.
La tensión no es un requisito del alto rendimiento. Es una señal de que el sistema está compensando algo. Cuando el cerebro está entrenado para autorregularse, la tensión deja de ser necesaria.
El rendimiento máximo no se siente como lucha constante. Se siente como:
- Claridad
- Presencia
- Fluidez
- Confianza
Una pregunta para cerrar
Si la tensión no mejora tu concentración,
si no te ayuda a decidir mejor,
si no hace tu rendimiento más sostenible…
Entonces, ¿por qué sigues creyendo que la necesitas para estar al máximo nivel?